29 ene 2012

Alto Mayo: Maravilla del Perú

Alto Mayo: maravilla del Perú… ¿hasta cuándo?

06/09/2011

Por: Ludwig H. Cárdenas Silva

Desde marzo de 2008, el Alto Mayo figura entre las llamadas Siete maravillas del Perú, un reconocimiento que despertó legítimo orgullo y esperanza entre quienes tenemos la dicha de vivir en este valle singular y, todavía, exuberante del departamento de San Martín.

Han transcurrido ya varios años desde aquel meritorio nombramiento y, sin embargo, las expectativas de los habitantes de los quince distritos que conforman el Alto Mayo —especialmente en torno al tan anunciado desarrollo turístico— siguen siendo más una promesa que una realidad. Desde hace décadas se habla mucho del potencial turístico de la zona, pero se hace poco o casi nada para convertir ese discurso en acciones concretas.

Las razones que llevaron al Alto Mayo a ser reconocido como una de las maravillas del país son evidentes y contundentes. Nuestros paisajes, modelados por ríos, lagunas, cascadas, aguas termales y cavernas, se combinan con una flora y fauna extraordinarias, donde aún sobreviven numerosas especies endémicas, principalmente en las áreas naturales protegidas. A ello se suma una riqueza cultural y folklórica que se expresa con fuerza en cada uno de nuestros distritos. No obstante, pese a contar con estos atributos, poco se ha avanzado para posicionar al Alto Mayo como un destino turístico relevante, al menos en el ámbito nacional.

Las autoridades, lamentablemente, parecen atrapadas en viejas prácticas. Predomina el trabajo descoordinado, la ausencia de lineamientos comunes y la incapacidad para impulsar proyectos conjuntos que beneficien a toda la subregión. En lugar de apostar por la concertación, algunos politiqueros retrógrados, alentados por un chauvinismo añejo y estéril, proponen la ejecución de obras monumentales sin justificación técnica ni social, generando enfrentamientos innecesarios y malestar entre pobladores que, en el fondo, aspiran a trabajar de manera unida y solidaria.

Resulta preocupante constatar que ciertas autoridades regionales persisten en fomentar la confrontación, en vez de concentrarse en crear las condiciones que permitan consolidar al Alto Mayo como una verdadera maravilla del Perú. Los problemas que enfrenta la zona son numerosos y exigen respuestas conjuntas. A diario se invaden y destruyen áreas naturales protegidas que albergan nuestros principales recursos turísticos. Se deterioran, además, las vertientes de ríos y quebradas que abastecen de agua a las poblaciones y a las tierras de cultivo. Paralelamente, la mayoría de los distritos continúa careciendo de servicios básicos adecuados, como agua potable, alcantarillado, energía eléctrica y un sistema integral de manejo de residuos sólidos. Frente a esta realidad, cabe preguntarse con honestidad: ¿puede existir un verdadero desarrollo sin inclusión social y sin una gestión responsable de los recursos naturales?

En las circunstancias actuales, resulta inevitable formular interrogantes incómodas pero necesarias: ¿hasta cuándo los altomayonenses seguiremos cargando con las consecuencias de viejos antagonismos?, ¿qué más debe ocurrir para que nuestras autoridades comprendan, de una vez por todas, que la integración no es solo una palabra bonita, sino un ejercicio de desprendimiento, diálogo y visión compartida?

Definitivamente, en el Alto Mayo no existe otra alternativa que el trabajo concertado y articulado, bajo una visión integral del desarrollo. Es momento de dejar de lado hábitos mezquinos y apostar por la unidad, con objetivos claros y estrategias comunes, orientadas a un crecimiento verdaderamente sostenible. Solo así el Alto Mayo podrá seguir siendo, en los hechos y no solo en el discurso, una auténtica maravilla del Perú.


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